El etiquetados de los productos alimenticios – I

El etiquetado de los productos alimenticios-I [*]

Introducción

El etiquetado es uno de los medios que se utilizan para conseguir que llegue la información al consumidor. Esta información debe ser, ante todo, cierta y clara, de forma que le permita conocer el producto que está comprando.

El etiquetado es algo vivo, ya que sufre de manera continua cambios que recogen todas aquellas modificaciones que se producen, tanto desde el punto de vista tecnológico y legislativo como publicitario.

El etiquetado nace en el momento en que se desea encontrar un modo de informar al consumidor de lo que realmente está comprando. Suponemos que, inicialmente, esta información  era “verbal”. En la época en que el proceso se hace más complejo, cuando la distribución y venta del producto se escapa de las manos del fabricante, la información oral debe suplirse por un documento, que termina adhiriéndose al producto en forma de etiqueta.

Fue el Codex Alimentarius, en el seno de Naciones Unidas, en 1966, el que primero fijó qué se entendía por etiquetado y qué información debería contener.

El Codex ha sido la base utilizada por los distintos países para adaptar sus reglamentaciones. En la Comunidad Europea se publicó en 1979 la primera Directiva sobre el Etiquetado, la Directiva 2000/13, y finalmente la versión más reciente se incluye en el Reglamento (CE) 1169/2011 sobre la información que debe aportarse en los alimentos, su etiquetado que, además de hacerlo más accesible /(tamaño de letra, etc.), incluye la obligatoriedad (a partir de 2014) de la información nutricional (contenido energético y de otros seis nutrientes), actualmente ya muy extendida en los supermercados, de forma voluntaria; e incluso se contemplan ya posibles desarrollos sobre el uso de nuevas formas de información asociadas a las nuevas tecnologías de la comunicación.

España, como Estado miembro de la Unión Europea, ha adoptado esta legislación a través de la Norma General de Etiquetado (RD. 1334/1999 y correcciones posteriores).

Pero podemos formularnos una pregunta: ¿Recogen las etiquetas lo que desean  ver en ellas los consumidores?

· Para poder dar respuesta, la Comisión Europea realizó un estudio sobre la información que el consumidor querría encontrar en las etiquetas. Los resultados obtenidos se muestran en el cuadro siguiente:

– Tiempo de conservación después de abrir el envase ………………….. 49 %

– Cómo guardar el producto después de abrir el envase ………………… 39 %

– Tiempo de conservación antes de abrirlo ……………………………….. 32 %

– Indicador de que se ha respetado la cadena del frío ………………….. 26 %

– País de origen ………………………………………………………………. 22 %

– Indicación cuantitativa de ingredientes …………………………………. 20 %

– Temperatura de almacenado antes de abrirlo …………………………… 20 %

Tal como podemos ver, no todas las peticiones están recogidas en la normativa sobre el etiquetado.

En el ámbito español, según el Estudio cualitativo sobre cuestiones alimentarias entre población general (Estudio Sigma-2) realizado en España en Enero de 2003:

· El 78,1 % de los españoles vive en hogares en donde se lee, “siempre o casi siempre” antes de comprar, el etiquetado de los productos envasados; el 14,3 % los lee pocas veces, sólo en determinadas ocasiones; y el 7,1 % no los lee nunca o casi nunca. La información que consta en el etiquetado de los productos envasados la entiende y le parece útil al 71,3 % de los ciudadanos; el 12,1 % la entiende pero no le parece útil, y no la entiende el 13,9 %.

· La información nutricional que puede figurar en los alimentos envasados se suele leer y entender en los hogares del 53,4 % de los españoles, frente al 16,5 % que la lee pero no la entiende, y al 29,2 % que ni siquiera la lee.

· La publicidad de los alimentos ayuda a conocer mejor los productos al 48 % de los consumidores. No proporciona información significativa al 38,7 %, y produce confusión al 10,7 %.

Hay que tener en cuenta que el etiquetado de los productos alimenticios sólo actuará como un factor decisivo cuando el consumidor sea consciente de su propio papel y responsabilidad a la hora de leer e interpretar lo que se dice en las etiquetas (formación).

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El etiquetado: principio Generales

Los más destacados son los siguientes:

· El etiquetado debe regirse por unos mismos criterios en los estados miembros para conseguir que los bienes de consumo puedan circular sin trabas por los países de la Comunidad.

· Las exigencias para los distintos productos alimenticios deben ser las mismas.

· La veracidad de la información que se da no sólo se limita a la que aparece en la etiqueta, sino que se hace extensiva a su entorno de venta y publicidad. Igualmente debe considerarse que la información no sólo viene dada por el texto, sino que se hace extensiva a su entorno de venta y publicidad (incluido cualquier dibujo o grafismo). Así, un producto que incorporase sólo aroma de leche, no podría ilustrarse con una botella o una jarra de leche.

· El etiquetado da una información mínima obligatoria.

· El etiquetado deberá sufrir las modificaciones necesarias para adecuarse en cada momento a la necesidad del consumidor.

Información obligatoria

Principios generales

1) El etiquetado y las modalidades de realizarlo no deberán ser de tal naturaleza que induzcan a error al comprador, especialmente:

a) Sobre las características del producto alimenticio y, en particular, sobre su naturaleza. Identidad, cualidades, composición, cantidad, duración, origen o procedencia y modo de fabricación o de obtención.

b) Atribuyendo al producto alimenticio efectos o propiedades que no posea.

c) Suponiendo que el producto alimenticio posee características particulares, cuando todos los productos similares posean estas mismas características.

d) Atribuyendo a un producto alimenticio propiedades preventivas, terapéuticas o curativas de una enfermedad humana, o mencionando dichas propiedades, sin perjuicio de las disposiciones aplicables a las aguas minerales naturales y a los productos alimenticios destinados a una alimentación especial.

2) Estas prohibiciones se aplicarán igualmente a la presentación de los productos alimenticios (en especial a la forma o al aspecto que se le dé a éstos o a su envase, al material usado para éste y a la forma en que estén dispuestos, así como al entorno en que estén expuestos) y a la publicidad.

La información obligatoria requiere, de modo general, las siguientes menciones:

· Denominación de venta del producto, refiriéndose a la prevista legalmente y no a su denominación comercial.

· Lista de ingredientes

· El grado alcohólico en bebidas con una graduación superior en volumen al 1,2%

· Contenido neto expresado en unidades de volumen (litro, mililitro, etc.) para los productos líquidos y de masa (kilogramo, gramo, etc.) para los demás.

· La fecha duración mínima o la fecha de caducidad.

· Condiciones especiales de conservación, si se requieren.

· Modo de empleo, si se requiere.

· Identificación de la empresa (fabricante, envasador, distribuidor establecido dentro de la Unión Europea) y su domicilio.

· El lote de producción, legible.

· Lugar de origen (sólo para países no miembros de la Unión Europea).

Además de las citadas, existen otras menciones obligatorias de carácter adicional según los productos de los que se trate:

· Para productos de origen animal (lácteos, cárnicos, etc.) debe constar la “marca de salubridad”, marca oval donde figure el país de la Unión Europea  donde se ubica la planta productora, número de registro sanitario y la mención CEE.

· En aquellos de duración prolongada por la utilización de gases de envasado debe mencionarse “envasado en atmósfera protectora”.

· En aquellos que contengan uno o varios edulcorantes, debe aparecer la mención “con edulcorante” acompañando la denominación de venta o, si se trata de mezcla de edulcorante con azúcares, deben igualmente manifestarlo  con la frase “con azúcar(es) y edulcorante(es)” acompañando siempre a la denominación de venta.

· Y finalmente, como información preventiva en aquellos productos que contengan “aspartamo”, debe indicarse lo siguiente: “Contiene una fuente de fenilalanina”; y si el alimento contiene más de un 10 % de polioles se debe especificar: “Un consumo excesivo puede tener efectos laxantes”.

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Ingredientes

Se entiende por “ingredientes” toda sustancia, incluidos los aromas y los aditivos alimentarios, utilizada en la fabricación o en la preparación de un producto alimenticio y que se encuentra presente como tal, o eventualmente modificada, en el producto terminado.

Como ejemplos de ingredientes podemos citar: azúcar, harina de trigo, leche, huevo en polvo, almendras … y también  aroma de naranja, aroma de chocolate … o cualquier aditivo alimentario autorizado como colorantes, edulcorantes …, que se declaran de un modo preciso y especificado según se indica posteriormente.

Los ingredientes aparecen en la etiqueta en forma de una lista formada por la mención de todos ellos en orden decreciente de sus pesos en el momento de su incorporación durante la fabricación. El agua sólo se citará si excede el 5 % del producto terminado.

Aquellos ingredientes formados por varios de ellos (ingredientes compuestos) se podrán declarar como tales (por ejemplo, “chocolate”) o bien desglosándolos en sus ingredientes básicos.

Otros ingredientes pueden declararse en función de la familia a la que pertenecen, por ejemplo: varios tipos de queso o especies de pescado podrán indicarse por el nombre “queso” o “pescado”.

Los aditivos, en la Unión Europea, se clasifican en tres grandes grupos: colorantes, edulcorantes y “varios”. Su recopilación y autorización en Europa se encuentra recogida en sus correspondientes normativas, que garantizan la seguridad de su uso bajo las condiciones allí señaladas.

Los aditivos, como ingredientes, se declaran en la lista siguiendo unas normas; primero citando el nombre de la familia a la que pertenecen, nombre ligado a la función que realizan; a continuación se debe citar el nombre específico del aditivo o su código de identificación, formado por la letra E y un número; por ejemplo, la goma arábiga, que es un espesante, puede declararse como “espesante (goma arábiga)” o “espesante (E414)”.

En ingredientes elaborados se incluirán sus componentes en la lista de ingredientes. Así, por ejemplo, una pasta rellena de queso y espinacas debe indicar el porcentaje de queso y espinacas en la lista de ingredientes.

Otros ingredientes con menciones especiales en el etiquetado son los modificados genéticamente (soja, maíz y sus derivados) para los que, junto al ingrediente en cuestión, se añadirán  las menciones “fabricado a partir de soja o maíz (según proceda) modificada genéticamente”.

Cantidad neta

La indicación de la “cantidad neta”, también denominada “contenido neto”, es obligatoria en todos los productos alimenticios, excepto en aquellos que normalmente se venden en piezas o se pesan en el momento de la compra, por ejemplo: un chorizo, queso o productos similares; también en aquellos productos cuyo contenido sea inferior a 5 g o 5 ml (esta excepción no se aplicará a especias o plantas aromáticas) y en aquellos que se vendan por unidades que puedan verse y contarse fácilmente: por ejemplo, las bolsas de caramelos.

Las unidades que han de utilizarse deben ser adecuadas al estado físico del producto: g o kg para productos sólidos y l o ml para productos líquidos.

Normalmente vemos que la cantidad neta viene acompañada del símbolo “e”, que nos indica que el fabricante realiza un control estadístico del contenido neto del producto.

Por último, nos encontramos con los productos alimenticios que se comercializan con un líquido de cobertura o líquido sobrenadante, que normalmente no se consume (por ejemplo, aceitunas, conservas, etc.). En estos casos se está obligado a declarar el contenido total y el contenido neto escurrido.

Fecha de duración mínima – fecha de caducidad

La vida de un producto puede expresarse de dos formas distintas: “fecha de duración mínima” y “fecha de caducidad”. El desconocimiento por parte del consumidor acerca de estos dos conceptos ha conducido a una mala interpretación de los mismos y a que a ambos se les dé la categoría de “fecha de caducidad”.

Todo producto alimenticio tiene una vida más o menos larga que fija su fabricante. El período de tiempo en el cual el producto mantiene sus características organolépticas, nutricionales y sanitarias se denomina “vida del producto” y ésta depende de diversos factores, tales como:

· Componentes del producto

· Proceso de fabricación

· Tipo o sistema de envasado

· Intervalo de tiempo entre la fabricación y consumo

· El modo en que ha sido distribuido y almacenado

De acuerdo con su tiempo de conservación, los alimentos se pueden clasificar en: alimentos perecederos, alimentos semiperecederos y alimentos estables.

Las expresiones para indicar la vida de un producto son dos y su elección depende de que el producto sea microbiológicamente muy perecedero y que, por ello, pueda suponer un peligro inmediato para la salud humana después de un corto período de tiempo, o que no lo sea. En el primero de los casos se utilizará la fecha de caducidad y en los demás casos se utilizará la fecha de duración mínima (consumo preferente).

Es importante recordar que la fecha de consumo preferente nos indica la fecha hasta la cual el fabricante garantiza que el producto mantiene perfectamente todas sus características; cuando se sobrepasa dicha fecha el producto es comestible, aunque pueda ser menos sabroso.

La forma de indicar las fechas será clara y en orden: día, mes y año. No obstante, y dependiendo de la vida útil del producto, las exigencias son las siguientes:

· Día y mes, si el producto tiene una vida útil inferior a 3 meses.

· Mes y año, si el producto tiene una vida útil superior a 3 meses e inferior o igual a 18 meses.

· Sólo el año, si el producto tiene una vida útil superior a 18 meses.

En todos los casos anteriores, a la fecha de consumo preferente le acompañarán las condiciones de conservación del producto si el no hacerlo implicara que no se pudiera mantener adecuadamente hasta la fecha indicada. En el caso de los productos con fecha de caducidad, las condiciones de conservación deben acompañarla siempre.

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Condiciones especiales de conservación y modo de empleo

De acuerdo con la normativa vigente, estos dos requerimientos sólo deben indicarse cuando no hacerlo pueda inducir a error en la utilización del producto por parte del consumidor.

Las condiciones de conservación son importantes, ya que por lo general la forma y el modo de conservación influyen claramente en el producto, no sólo en sus cualidades organolépticas (color, olor, sabor, etc.), sino también en su vida útil. Si las condiciones de conservación influyen en la vida del producto se deben indicar de forma clara y en una posición próxima a las fechas de caducidad o consumo preferente, de modo que el consumidor pueda relacionarlo fácilmente.

Es también habitual encontrar indicaciones concisas del modo de conservación cuando el producto ha sido abierto. En efecto, existen productos que, por su sistema de fabricación, pueden ser conservados sin ningún problema a temperatura ambiente; éste sería el caso de una nata esterilizada. No obstante, la protección que ofrece el modo de fabricación desaparece en el momento en que el envase se abre. Es, pues, corriente en estos casos que el fabricante indique en la etiqueta cómo debe conservarse el producto una vez abierto.

En cuanto al modo de empleo, es lógico pensar que el fabricante es el primer interesado en que la forma correcta de utilización le llegue al consumidor, ya que ésta posibilitará que el producto sea aceptado por él y pueda aumentar las posibilidades de inducirlo a realizar una nueva compra. Generalmente, la etiqueta se aprovecha no sólo para indicar la forma de empleo tradicional, sino que, por lo general, el fabricante  ofrece otras formas de empleo, enriqueciendo el producto que se vende con otros ingredientes que ha de incorporar el consumidor. Estas sugerencias de utilización o recetas de cocina pretenden fidelizarlo, intentando conseguir que el producto que se vende pueda ser utilizado como ingrediente de otras recetas más complicadas o como complemento de un plato.

Otras indicaciones en la etiqueta

Las etiquetas también contienen otras informaciones voluntarias que no están contempladas en las reguladas por la ley sobre el etiquetado de alimentos, ya que no suponen una información crítica para el consumidor desde el punto de vista de seguridad o información nutricional. Entre ellas están el código de barras, el punto verde de reciclaje de envases o recomendaciones culinarias de uso.

El fabricante puede introducir informaciones complementarias tales como denominaciones de origen, certificaciones de calidad, etc., que ayuden a concretar el origen o ciertos aspectos específicos de calidad del producto para el consumidor. En cualquier caso, no sustituyen a las legales y no pueden estar en contradicción con éstas.

El etiquetado referente a Declaraciones de salud en los alimentos se comentará en el próximo artículo.



[*]  Extracto del capítulo de J. Carbonell, J. Giménez, A. Palencia y J. Permanyer en el libro  “Alimentos ¿qué hay detrás de la etiqueta? de Fundación Triptolemos (Ed. Viena, 2004)

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